10-12-2014
Por María Luisa Santillán, DGDC-UNAM
Es posible que dependiendo de donde nos encontremos y si el clima nos lo permite, podamos admirar una de las montañas más altas que existen en México. Quien vive en el Distrito Federal, puede apreciar el Volcán Popocatépetl, el Iztaccíhuatl o la zona montañosa que se ubica al sur de la ciudad.
México es un país montañoso y un porcentaje alto de su territorio está conformado por montañas que son resultado de su historia geológica. Estas estructuras embellecen cualquier paisaje. Pero no sólo eso, en ellas ocurren distintas manifestaciones de la vida, diversos ecosistemas las integran y albergan gran parte de la biodiversidad, lo que nos permite contar con agua dulce, alimentos, madera o sitios para divertirnos.
La doctora Lucía Almeida Leñero, coordinadora del Laboratorio de Ecosistemas de Montaña, del Departamento de Ecología y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias de la UNAM, explicó que las montañas, sobre todo en las partes bajas, han sido las zonas en donde el ser humano ha vivido en condiciones óptimas. En el caso de la Cuenca de México han permitido la formación de zonas en donde se acumula agua.
En el marco del Día Internacional de las Montañas, que se celebra el 11 de diciembre, señaló que las zonas montañosas proporcionan una serie de servicios ecosistémicos que nos benefician directamente. Por lo que una de las razones para protegerlas es que la mayor captación de agua que utilizamos se da en la parte alta de las cuencas.
“Desde 1936, México tuvo una tradición de proteger las cuencas altas que después, por diferentes motivos, fue cambiando. Actualmente se ha descuidado este enfoque de cuencas. Eso sí, inicialmente se protegieron tanto las partes altas como los bosques aledaños. Esta política de conservación debería de modificarse y proteger lo que son las cabeceras de cuenca, junto con los arroyos, los ríos, los escurrimientos y las riberas de los ríos, porque sería una manera para mantener la cantidad y la calidad del agua”.
Una cuarta parte de la superficie de nuestro planeta está cubierta por montañas y se considera que más de la mitad de la población mundial depende del agua dulce que se almacena en ellas. Esto motivó que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas estableciera en 2003 que cada 11 de diciembre debía celebrarse el Día Internacional de las Montañas, como una forma de resaltar la importancia del desarrollo sostenible de éstas.
Algunos de los principales problemas que las afectan son el cambio del uso del suelo, los incendios y la ocupación humana en zonas naturales protegidas. En México se ha modificado la vocación forestal por la agrícola, representando un uso inadecuado porque generalmente las montañas tienen pendientes muy abruptas y, por lo tanto, los procesos de erosión son muy fuertes y rápidos.
En el caso de la Cuenca de México, uno de los grandes problemas que se presentan en las zonas montañosas es el cambio del uso del suelo para uso urbano.
Cabe destacar que las zonas montañosas son propensas a incendios, en su mayoría provocados con el fin de generar alimento para el ganado o para cambiar el uso de suelo, lo cual ocasiona que cada año se pierda mucha superficie forestal en el país.
Almeida-Leñero señaló que las montañas son una fuente de vida, ya que contribuyen a la limpieza de la atmósfera, la regulación de los ciclos hidrológicos, así como a la producción de distintos productos maderables o no maderables como los hongos y las resinas.
“Son fuente de belleza, de inspiración, de zonas de recreación y debería haber una sensibilización y una conciencia muy fuerte para el mantenimiento y preservación de las montañas”, concluyó.
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